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I. La salvación en la primera alianza
Dios Creador: todo lo ha hecho bueno
El universo Tomó principio de la palabra creadora
de Dios.
“Dios dijo: Que exista la luz. Y la luz existió”
(Gn 1, 3).
Según el poema simbólico y revelador del primer libro
de la Biblia, la Palabra de Dios està en el origen de toda
la naturaleza creada.
La Catedral Mallorca está situada en la orilla
del mar, envuelta en la luz del sol mediterráneo de día,
de la luz plácida de la luna y de las estrellas de la noche;
al borde de una isla donde lucen y se armonizan todas las bellezas
de la creación. Los vitrales de la nave mayor de la Catedral
cantan el himno de la creación, aquel que entonaron los tres
jóvenes –Ananías, Azarías y Misael- lanzados
al horno de Babilonia por mantenerse firmes en su fe (Dn 3, 52-90).
La belleza de las criaturas de Dios se hace presente dentro del
espacio amplísimo de la Catedral. Los vitrales con colores
vivísimos nos invitan a bendecir, a alabar al Creador: la
luz y las tinieblas; el sol, la luna y las estrellas; el día
y la noche; la tierra; la nieve y los témpanos, los cerros
y las montañas, las fuentes; las aves; los animales domésticos
y los salvajes, los peces del mar... También los ángeles
y los cielos, y el pueblo de Israel, el pueblo escogido de la primera
alianza, son invitados a glorificar el Señor.
Dios creó al hombre y a la mujer
Él recibió el nombre de Adán,
que quiere decir hombre, y ella el de Eva: madre de los vivientes.
Los primeros padres están representados en el vitral abierto
sobre la capilla del Descendimiento; se los ve a cada lado del árbol
del bien y del mal, del que cogen la fruta desobedeciendo Dios y
cometiendo el pecado, en los orígenes de la historia (Gn
3, 20). Pero encima de este primer árbol, sobresale el de
la promesa a David y, encima de éste, se yergue el árbol
de la cruz: donde el crucificado será el nuevo Adán,
que con su muerte destruyó nuestra muerte y, resucitando,
nos dio nueva vida..
La historia de los patriarcas y de los profetas,
que anuncian a Jesucristo
La primera alianza, protagonizada por los patriarcas
–sobre todo por Abraham, Isaac y Jacob- y transmitida y sostenida
por los profetas, empezando por Moisés, culmina en la plenitud
de Cristo: el Mesías, rey, sacerdote y portavoz de la voluntad
del Padre.
Sobre el púlpito menor, llamado de la epístola,
donde se leía el primer Testamento y las cartas apostólicas,
Antoni Gaudí hizo esculpir un artístico tornavoz con
imágenes de profetas y de apóstoles, que culmina en
uno de los pasajes más significativos de la primera Alianza:
Abraham a punto de ofrecer el sacrificio de su hijo Isaac; enfrente
de ellos, el cordero ofrecido en sacrificio en lugar del hijo, símbolo
de Jesucristo inmolado como cordero pascual en la cima de la historia;
la cruz del sacrificio verdadero culmina la simbólica escena.
Los vitrales de las naves laterales despliegan las
profecías de la primera parte de la Biblia sobre Jesucristo:
desde la bendición de Noè a Sem (Gn 9, 26-27), la
historia de Abraham, de Jacob, de Moisès como guía
del pueblo elegido por el desierto, de David al que Dios promete
un trono eterno (2 Sm 7, 1-16), de Isaías que anuncia el
nacimiento virginal del Emmanuel (Is 7, 10-14) y la pasión
del Siervo de Yahvè (Is 53, 1-12), de Ezequiel que profetiza
el Buen Pastor (Ez 34, 10-16), de Joel que vaticina la efusión
del Espíritu Santo (Jl 3, 1-2). Otro vitral anuncia la realeza
del Mesías, proclamada en el salmo 2, y otro las nupcias
del Rey-Mesías con la Iglesia, según el salmo 44.
Los tapices con
la historia de Jacob, Tobías y Nabucodonosor
Once tapices de taller flamenco y de finales del
siglo XVI, colgados en diversos muros de la Catedral como decoración,
representan pasajes de la vida de Jacob, según el libro del
Génesis, de Tobit según el libro homónimo,
y del rey de Babilonia, Nabucodonosor, según la narración
del profeta Daniel.
Jacob recibe la bendición de Isaac, con un
engaño (Gn 27, 1-29); en su fuga, tiene la visión
de la escalera que sube hacia el cielo (Gn 28, 11-19), y se encuentra
con Raquel, de quien se enamora (Gn 29, 1-14).
Tobit sufre la prueba de quedar ciego (Tb 2, 9-10),
su hijo Tobías pesca un gran pez en el río Tigris
ayudado por el arcángel Rafel, y, después de la boda,
se despide de sus suegros Ragüel y Edna para volver a su hogar
con Sara, su esposa (Tb 6, 1-5; 7, 8-14; 10, 8-14).
Los tapices sobre Nabucodonosor describen el mandato
del rey pagano de hacer adorar una gran estatua de oro; los tres
jóvenes hebreos le desobedecen y son echados al horno encendido
pero Dios los preserva de las llamas; en medio del horno ardiente,
sanos e ilesos, entonan el cántico de las criaturas (descrito,
como hemos visto, en los vitrales de la nave central) (Dn 3); en
otro tapiz aparece la visión del árbol grandioso,
interpretada por Daniel, y la curación del rey que recobra
el juicio que había perdido (Dn 4).
La Ley del Señor
leída con gran honor a la sinagoga
La Catedral de Mallorca, desde 1493, conserva, por
legítima donación y adquisición, los dos Rimmonim
más antiguos del mundo. Son del siglo XIV y provienen de
la sinagoga de Cammarata, en Sicilia, de donde los judíos
fueron expulsados dicho año por el rey Fernando de Aragón.
Tienen forma de torre, son de plata cincelada y llevan inscripciones
del salmo 18 referentes a la Ley del Señor. Los Rimmonim
servían como de punto por fijar los rollos del pergamino
en la lectura de la Torah en la asamblea del sábado. Se exponen
en el Museo capitular.
Para los cristianos son un testimonio de la veneración
con que debe ser leída la Palabra del Señor, que es
luz para nuestros pasos (Salmo 118, 105), Palabra que hemos de escuchar
con docilidad y que debemos guardar en nuestro corazón para
meditarla (Lc 8, 21; 2,19). |
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II. La armonía entre
las dos alianzas
Los discípulos de Jesús de Nazaret,
como hizo nuestro Maestro, veneramos y aceptamos como Palabra revelada
de Dios los libros de la Ley, de los salmos y de los profetas, y
todo lo que dicen lo referimos a la “plenitud de los tiempos”,
cuando se cumplieron las promesas hechas a los patriarcas y a los
profetas de Israel. La relación entre las dos Alianzas, la
expresa así el Concilio Vaticano II: “Dios, inspirador
y autor de los dos Testamentos, lo dispuso todo con tanta sabiduría
que el Nuevo Testamento quedara latente en el Antiguo y que el Antiguo
quedara manifiesto en el Nuevo. Porque si bien Cristo instituyó
la nueva Alianza en su sangre, con todo los libros del Antiguo Testamento,
íntegramente asumidos en el anuncio evangélico, adquieren
y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento,
y a la vez lo iluminan y lo explican” (Dei Verbum, 16).
Los acontecimientos de la primera Alianza eran un
“ejemplo”, una “imagen”, una “profecía”
de lo que debía ser plenitud en Cristo y ahora se hace realidad
sacramental y eficiente en la Iglesia. Primera y segunda Alianza
constituyen una sola Historia de Salvación. Tras la reforma
litúrgica posconciliar, nos lo enseñan cada domingo
las lecturas bíblicas: la primera, del antiguo Testamento,
es profecía del Evangelio que proclamamos en la liturgia
de la Palabra.
Para decorar la sillería catedralicia, en
el siglo XVI, el canónigo Gregori Genovard programó
para Los guardapolvos de cada silla unos bajo relieves que alternasen
acontecimientos de la primera y de la segunda Alianza. Así,
p. e., el primer bajo relieve –de nuestra izquierda- representa
la comida de Abraham con los tres ángeles (Gn 18, 1-15),
y el segundo plasma la última cena de Jesús con los
apóstoles (Mc 14, 22-25); hacia el final, a nuestra derecha,
vemos a Dios entregando a Moisès en el Sinaí la Ley
grabada en tablas de piedra (Ex 20), y seguidamente contemplamos
cómo el Espíritu Santo desciende en Pentecostés
sobre María y los apóstoles, para grabar la nueva
Ley en sus corazones (Hechos 2, 1-4).
Al fondo, a la parte derecha de la sillería,
Josep M. Jujol pintó figuras simbólicas de la sangre
de Cristo que cae al suelo, alusión al sudor de Jesús
en el huerto de los Olivos (Lc 22, 44), sangre que hace germinar
una nueva primavera sobre la tierra, mientras a continuación
ondea la bandera de la resurrección: figuras que glosan los
bajo relieves de arriba, con pasajes de la pasión y de la
resurrección del Señor. |
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III. La alianza nueva y eterna,
cuyo mediador es jesús
1. Dos panorámicas de la nueva Alianza:
los siete Gozos de Nuestra Señora
Una devoción medieval, muy arraigada en Mallorca,
inculcada ya por el beato Ramón Llull, es la de los Siete
gozos de Nuestra Señora. Esta oración va unida a la
contemplación de las siete alegrías que santa María
tuvo en la vida de su amado Hijo. En la Catedral se pueden ver dos
representaciones de los siete Gozos.
En la predela –parte inferior- del retablo
gótico del siglo XIV, de Pere Morey, que Antoni Gaudí
trasladó en 1904 de delante la cátedra episcopal al
muro lateral, sobre el portal del Mirador, se ven siete bajo relieves
que representan:
La anunciación del ángel a Maria, el
nacimiento de Jesús, la adoración de los magos de
Oriente, la Resurrección del Señor, la Ascensión,
la venida del Espíritu Santo sobre María y los apóstoles,
y la dormición y glorificación de nuestra Señora
(que ocupa el lugar central).
Otra representación de los siete Gozos rodea
el púlpito mayor (siglo XVI). Aquí se añaden
dos escenas de la vida de la madre de Jesús (inspiradas en
evangelios apócrifos): el abrazo de sus padres Joaquim y
Ana ante la Puerta Dorada del Templo, y el nacimiento de Maria.
San Joaquín y santa Ana son representados igualmente en el
retablo de la Grada y en una tela de la la capilla de la Inmaculada.
2. La Purísima Concepción de
santa María
Es el alba luminosa, sin mancha alguna de pecado,
de la salvación que Jesucristo trajo al mundo. Dios Padre
creó y eligió una criatura, una mujer llena de gracia,
para que fuera madre de su Hijo hecho hombre. El Hijo de Dios que
se encarnaba para quitar el pecado del mundo, redimió del
pecado anticipadamente a su madre cuando ésta fue concebida
sin mancha de pecado original, como proclama la fe católica.
La devoción a la Inmaculada Concepción
de María es muy tradicional en Mallorca; arranca de la doctrina
del beato Ramón Llull, el primero que enseñó
este privilegio mariano en la Universidad de París. El 1601,
fue dedicado a la Purísima el portal mayor de la Seo. El
1643 fue proclamada patrona del Reino de Mallorca. María,
presidiendo el portal mayor, es presentada según la visión
del libro del Apocalipsis ( cap.12): coronada de doce estrellas
con la luna bajo sus pies. Aparece también rodeada de símbolos
sacados del Antiguo Testamento y de la liturgia de la Iglesia que
proclaman la pureza y santidad única de la Madre de Dios:
elegida como el sol, templo de Dios, ciprés ufano, lirio
oloroso, pozo del agua de la vida, ciudad de Dios, espejo sin mácula,
estrella luminosa, bella como la luna, puerta del cielo, rosal de
Jericó, palmera en el desierto, fuente sellada, huerto cerrado,
torre de marfil.
La capilla primera (entrando, a mano izquierda) fue
dedicada también a la Purísima Concepción en
el siglo XVIII. La imagen central sigue el modelo de la fachada.
Maria aparece “vestida de sol, con la luna bajo los pies,
y en la cabeza una corona de doce estrellas” (Apoc 12, 1).
Los rayos del sol y la corona de estrellas son cincelados en plata.
A la entrada de la capilla dels vermells, cuelga
actualmente una bella pintura de la Purísima, del famoso
Guillem Mesquida (1740), que cubría, en tiempos determinados,
la imagen central del retablo.Una pequeña imagen de la Inmaculada
fue colocada en el tímpano del portal de la Almoina (siglo
XVI).
3. 3. La Anunciación a María
La escena evangélica (Lc 1, 16-38) del ángel
Gabriel que anuncia a Maria de Nazaret que sería madre del
Mesías, el Hijo de Dios, está representada en varias
imágenes de la Catedral. Primeramente en dos esculturas adosadas
a dos pilastras de la capilla real, a la entrada del presbiterio,
en segundo término. Estas dos imágenes góticas
del siglo XIV plasman este misterio: a la derecha el arcángel
lleva a la virgen de Nazaret el primer anuncio de la Encarnación
del Hijo de Dios: Concebirás en tu vientre y darás
a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será
grande, se llamará Hijo del Altísimo; el Señor
le dará el trono de David, su padre... su reino no tendrá
fin; a la izquierda, María escucha el saludo y el anuncio
del mensajero divino y responde: Aquí está la esclava
del Señor; hágase en mí según tu palabra
(Lc 1, 31-33, 38).
La misma escena bíblica está esculpida
en el púlpito menor, en el antiguo arco del trascoro (siglo
XVI); situado por Gaudí en la entrada de la sacristía
de vermells, en el ático del retablo de San Jerónimo
(s. XVII). En el Museo capitular, se exhiben igualmente dos bellísimas
estatuas góticas de mármol policromado del ángel
y Maria (s. XIV); y una tabla gótica de Pere Terrencs (s.
XV).
4. La Visitación de Maria a Isabel
Después de recibir el anuncio del ángel,
María se fue decididamente a la montaña a comunicar
su gozo a su parienta Isabel (Lc 1, 39-56). Esta la saludó
llena del Espíritu Santo como madre del Señor. Bendita
tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre...
Dichosa tú que has creído! María respondió
a las palabras de Isabel, entonando la gran acción de gracias
del Magnificat. Engrandece mi alma al Señor, se alegra mi
espíritu celebra en Dios mi salvador. Porque ha mirado la
pequeñez de su esclava. Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones, porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes
por mí: su nombre es santo, y su amor llega a sus fieles
de generación en generación.
La Catedral guarda y venera dos representaciones
de la Visitación de santa María: en un bajo relieve
del coro (s. XVI) y en la predela del retablo de Nuestra Señora
de la Grada, pintura atribuida a Gaspar Oms (s. XVII).
5. El nacimiento de Jesús y su infancia
En Belén de Judà nació Jesús,
Hijo de Dios, hijo de María virgen (Mt 1, 25.2, 1-12; Lc
2).
Es el misterio que celebramos en Navidad: en un pesebre,
porque no habían encontrado sitio en el hostal, María
parió a su hijo, bajo la amorosa mirada de José, glorificado
y anunciado por los ángeles a los pastores; adorado luego
por los magos, llegados de Oriente, guiados por la estrella. Presentado
al cabo de cuarenta días en el templo de Jerusalén,
donde fue acogido por Simeón, que lo proclamó luz
de las naciones y gloria de Israel, su pueblo. Cuando tenía
doce años subió con sus padres, por Pascua, al templo
del Señor y se quedó tres días entre los maestros
de la Ley, “escuchándolos y haciéndoles preguntas”.
La Catedral recorre, con imágenes, estos episodios
del nacimiento y de la infancia de Jesús. En la capilla de
la Grada, en la predela, una tabla representa el nacimiento de Jesús,
del taller de los Oms (s. XVII); el nacimiento y la adoración
de los magos de Oriente son pintados en telas del s. XVIII en la
capilla de la Piedad. En Navidad, se expone delante del presbiterio
el conjunto escultórico de Remígia Caubet: el niño
Jesús entre María y José (s. XX). La presentación
al templo, en brazos de María y de José, ocupa una
hornacina importante en la parte central del retablo del Corpus
Christi. Jesús entre los doctores del templo es representado
en el arco del trascoro, en la entrada de la sacristía de
vermells.
6. San José, padre legal de Jesús
José, de la descendencia del rey David, hombre
justo, tomó a María por esposa y, según la
ley y según el pueblo, era considerado el padre de Jesús,
engendrado por obra del Espíritu Santo, Hijo de Dios únicamente
y de santa María virgen. Del ángel, en sueños,
recibe el encargo de imponer al hijo de su esposa el nombre de Jesús
porque él salvará de los pecados su pueblo.
José fue el protector de Jesús, en
Belén, en el exilio de Egipto y en Nazaret. Era carpintero
o artesano. El Hijo de Dios hecho hombre se crió en el hogar
de José y de María: donde iba creciendo y robusteciéndose,
y se llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba.
En aquella santa familia, Jesús obedecía a José
y a María (Mt 1, 18-25; 2, 1-23; Lc 2, 51).
La más antigua representación de san
José en la Catedral se encuentra en el retablo de San Jerónimo
(comienzos del siglo XVII). Al santo esposo de María, está
dedicada también una capilla con retablo (siglo XIX), presidido
por su imagen; su muerte, entre Jesús y María, está
representada en la predela. La figura de san José aparece
también en los episodios arriba descritos del nacimiento
y de la infancia de Jesús, y en el arco de la capilla de
la Piedad.
7. San Juan Bautista
Hijo de Zacarías y de Isabel, su nacimiento
fue anunciado por el ángel a su padre como aquel que iría
delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías...
para preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. Primo
de Jesús, ya saltó de gozo en las entrañas
de su madre en la visitación de María a su parienta
Isabel. Cuando nació, su padre profetizó que sería
profeta del Altísimo porque iría delante el Señor
a preparar sus caminos. Aquel niño creció y se fortaleció
en el Espíritu, y vivió en el desierto hasta el día
que se manifestó a Israel (Lc 1, 5-25.57-80). Se manifestó,
en la orilla del Jordán, predicando al pueblo de Israel:
Convertíos que el Reino de los cielos está cerca!
“Juan iba vestido con una piel de camello y llevaba una correa
en la cintura; se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”.
Acudía gente de todas partes a escuchar su predicación,
confesaban sus pecados y se hacían bautizar por él
en el río Jordán. También Jesús acudió
desde Galilea. A pesar de la resistencia de Juan, quiso ser bautizado
por él. Cuando salió del agua, el cielo se abrió,
bajó el Espíritu de Dios como una paloma y se oyó
la voz del Padre: Este es mi Hijo, mi amado! Juan mostró
a Jesús, el Mesías, presente en medio de los hombres:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!
Los cuatro evangelios describen la personalidad y la misión
de Juan, que murió decapitado por Herodes, anticipándose
a la Pasión de aquel a quien había anunciado como
Precursor (Mt 3, 1-17; 14, 1-12; Mc 1, 2-11; 6, 14-29; Lc 3, 1-22;
Jn 1, 6-8.15.19-35; 3, 22-30; 4, 1; 5, 31-35; 10-40-42).
En la Catedral veneramos la figura de Juan Bautista
en el presbiterio: en el muro lateral izquierdo, hay una escultura
suya, dorada y policromada, procedente del antiguo retablo gótico
(s. XIV), colocada aquí por Gaudí. También,
en el portal del Mirador, a la izquierda, aparece una estatua del
Precursor; en el portal mayor, su imagen se encuentra en el tímpano,
a la derecha de la Inmaculada. Igualmente en el retablo del Corpus
Christi (s. XVII), se venera una talla de san Juan, del mismo también
existe una tela en la capilla de la Purísima, de Guillem
Mesquida (s. XVIII); una escultura policromada, obra de Adrià
Ferran (a. 1812), en la capilla de San Pedro, abierta dentro de
la fachada principal, a mano izquierda de la entrada principal.
8. Jesús bautizado por Juan en el río
Jordán
Los cuatro evangelios (Mt 3, 13-17; Mc 1, 9-11; Lc
3, 21-22; Jn 1, 32-34) narran la manifestación de Jesús,
como Mesías, y el inicio de su predicación de la Buena
Nueva, en el bautismo que recibió de manos de Juan en el
Jordán. Dios Padre lo declaró Hijo suyo muy amado
y encima de él –evocando la paz después del
diluvio- descendió el Espíritu Santo en forma de paloma.
La Trinidad se manifiesta sobre las aguas del Jordán, el
río que abrió la entrada de Israel a la Tierra Prometida,
figura de la entrada en el Reino de los cielos y de la incorporación
al nuevo pueblo de Dios de quien renace del agua y del Espíritu
Santo (Jn 3, 5). El bautismo que Jesús recibe en el Jordán
es figura del primer sacramento cristiano de la regeneración
y de la Pascua. El Resucitado enviará a sus apóstoles:
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Mt
28, 19). Por el primer sacramento de la fe, nos incorporamos a Cristo,
a su muerte y resurrección (Rm 6, 3-11), el Padre nos declara
hijos suyos muy amados en el Hijo único y sobre nosotros
baja el Espíritu Santo, autor de la reconciliación,
de la paz: él es el amor de Dios infundido en nuestros corazones.
La pintura central del baptisterio de la Catedral,
de L. A. Planes (s. XVIII), describe el bautismo de Jesús
en el Jordán, presidido por el Padre y con la aparición
del Espíritu en forma de paloma.
9. Los doce Apóstoles
Jesús de Nazaret, al comienzo de la predicación
del Reino de Dios, de entre los discípulos que le seguían,
designó a doce, los que quiso, “a los que dio el nombre
de apóstoles porque estuviesen con él y para enviarlos
a predicar... Los doce que designó son estos: Simón,
a quien dio el nombre de Pedro; Jaime, hijo de Zebedeo, y Juan,
su hermano, a los que dio el nombre de Boanerges, que quiere decir
“hijos del trueno”; Andrés, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Jaime, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el
Zelotes y Judas Iscariote, el que le traicionó” (Mc
3, 13-19; Mt 10, 1-4; Lc 6, 12-16).
Jesús los eligió como patriarcas del
nuevo Israel que él venía a establecer, constituyen
el fundamento del nuevo pueblo de Dios (Ap 21, 14).
Muchas catedrales y otras iglesias cristianas presentan
las imágenes del grupo de los doce, a menudo en grandes portales
o bien en la plasmación de pasajes evangélicos, por
ejemplo la última cena. El proyecto del portal del Mirador
incluía seguramente un “apostolado”. Ahora los
doce aparecen en el tímpano rodeando la mesa de la postrera
cena de Jesús.
Hay que mencionar dos pinturas sobre el primado de
san Pedro, a quien Jesús entrega las “llaves del Reino
de los cielos”: sobre él el Señor edificará
su Iglesia (Mt 16, 17-19). Este episodio es representado en la predela
del retablo de San Jerónimo y en la gran tela pintada por
Salvador Torres (a. 1839), que ahora preside una capilla cerca del
portal mayor, entrando a mano izquierda.
10. Las parábolas del Reino de Dios
Un vitral sobre el órgano, diseñado
por Juan B. Castro (1980), ha escogido una serie de parábolas
sobre el Reino de Dios. Arriba, las palabras introductorias de Jesús.
“El Reino de Dios es semejante...” y la parábola
del grano pequeño de mostaza, que ha producido un gran árbol
donde se posan los pájaros (Mt 13, 31-32). La mano del sembrador
echa la semilla que cae al suelo, entre cardos y plantas, o en tierra
buena que produce el ciento por uno (Mt 13, 3-9). En la parte central,
un hombre levanta alborozado los brazos porque lleva en sus manos
el tesoro del Reino que ha encontrado (Mt 13, 44). Más abajo
aparece una red que ha recogido toda clase de peces, buenos y malos,
que serán separados al fin del mundo (Mt 13, 47-50). Abajo,
un convite con comensales invitados de toda raza: “Venid a
la fiesta” (Mt 22, 1-14; 8, 11).
11. El agua de la vida, prometida por Jesús
a la samaritana
En la sagrada Escritura, en su historia y simbolismo,
el agua juega un papel de primer orden, tanto en la primera Alianza
como en la segunda. Es el tema plasmado en el vitral sobre la sacristía
de los vermells.
En la parte central, dos episodios clave: Moisès
en el desierto, golpeando la roca con el bastón, hace brotar
agua para el pueblo sediento (Ex 17, 1-7). Junto al pozo de Jacob,
Jesús, el nuevo Moisès, promete el agua viva a la
mujer samaritana: “El agua que yo daré se convertirá
en una fuente que saltará hasta la vida eterna” (Jn
4, 14).
En la parte inferior, corren aguas vivas que nunca
se agotan: dan vida al mar muerto que se va llenado de peces y plantas,
según la profecía de Ezequiel (47, 1-12).
Arriba, “el río del agua de la vida,
que nace del trono de Dios y del Cordero” (Ap 22, 1): imagen
de la salvación que brota del misterio pascual de Jesucristo.
12. Multiplicación de los panes y de
los peces
El Reino de Dios se parece a un gran banquete (Mt
22, Lc 14). Jesús quiso que el símbolo comunitario
(sacramento) por excelencia de sus discípulos fuera el banquete
de la Eucaristía. La multiplicación de los panes y
de los peces (Mt 14, 13-21; 15, 32-36; Mc 6, 32-44; 8, 1-10; Lc
9, 10-17) encuentra en el capítulo sexto del evangelio de
Juan su sentido pleno, sobre todo por el discurso de Jesús
prometiendo el pan de la vida: “El pan que yo daré
es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 51).
La Catedral, como toda iglesia cristiana, es sobre
todo aula, espacio de celebración, de comunión eucarística.
El altar mayor de la Catedral aparece flanqueado por dos ábsides,
por dos capillas, que presentan los dos grandes momentos de la institución
de la Eucaristía en el Nuevo Testamento. En el ábside
de la derecha, una obra espectacular introduce en la Catedral el
esplendor del arte contemporáneo. Es obra de un artista mallorquín,
Miquel Barceló. Presenta simbólicamente la multiplicación
de los panes y de los peces según el evangelio de Juan, capítulo
6, en clave de actualidad sacramental. La piel de cerámica
que recubre la arquitectura gótica del siglo XIV exhibe,
a la derecha, pan, vino y alimentos en abundancia; a la izquierda,
se extiende y levanta un mar rebosante de peces. El muro frontal
ofrece la figura blanca, espiritual, vestida de luz, con la cara
resplandeciente como el sol (como en la transfiguración,
Mt 17, 2), de Jesucristo Resucitado, que muestra las llagas de la
crucifixión (Jn 20, 25.27; Lc 24, 39-40), vencedor del hambre
corporal y espiritual que genera la muerte. El Resucitado, ahora,
en la mesa eucarística, parte y reparte el pan y todo alimento
a la Iglesia, para que ésta, como los apóstoles entonces,
partan y repartan el pan (para el cuerpo y para el espíritu)
que da vida al mundo. Las jarras de vino nos recuerdan el primer
milagro de Jesús en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11).
A los pies del Resucitado se abre el sagrario de la reserva eucarística;
fulgurante de oro nos significa la presencia permanente del Señor
en la Eucaristía, que es el bien más grande, el mejor
tesoro de la comunidad cristiana.
Esta es la capilla de la contemplación y adoración
del Cuerpo santísimo del Señor; los fieles prolongan
la celebración eucarística, con su oración
ante el sagrario.
También en la capilla del Corpus Christi, ábside
izquierdo, un vitral (1983) representa la multiplicación
de los panes y de los peces.
13. Entrada de Jesús a Jerusalén
el domingo de Ramos
“Seis días antes de la solemnidad de
la Pascua, cuando el Señor subía a la ciudad de Jerusalén,
los niños con ramos de palmas, salieron a su encuentro y
con júbilo proclamaban: “¡Hosanna en el cielo!
¡Bendito tú que vienes y nos traes la misericordia
de Dios!” (Misal romano, cf. Lc 19, 36- 38).
Cada año, el domingo del Ramo, la comunidad
cristiana inicia la semana santa con la procesión de ramos
y palmas: acompaña a Jesucristo que entra nuevamente en la
Iglesia –simbolizada en la Catedral- para renovar los misterios
de su pasión, muerte y resurrección.
14. Lavatorio de los pies
En la última cena, “Jesús se
levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una
toalla, se la ciñó; luego echó agua en la jofaina
y se puso a lavar los pies de los discípulos, secándoselos
con la toalla que se había ceñido... Y les dijo: Si
yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también
vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado
ejemplo, para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también
lo hagáis... Dichosos vosotros si lo ponéis en práctica!”
(Jn 13, 4-17).
Cada año, tras la homilía del jueves
santo, en la misa de la Cena del Señor, el obispo en la Catedral
lava los pies a doce jóvenes. Significa el servicio humilde
de quien preside la comunidad cristiana que, como Jesús,
se comporta “como el que sirve” (Lc 22, 27).
15. La santa Cena
Cómo deseaba comer con vosotros esa cena pascual
antes de mi pasión! (Lc 22, 15), dijo Jesús a los
apóstoles, la noche que iba a ser entregado. Mientras comía
con ellos, Jesús instituyó la Eucaristía, como
memorial de su Pascua. “Tomó pan, dio gracias, lo partió
y lo dio a los apóstoles diciendo: -Esto es mi cuerpo, que
se entrega por vosotros” (Lc 22, 19). Después tomó
una copa, dijo la acción de gracias, se la dio y bebieron
todos. Les dijo: “Esta es mi sangre, la sangre de la alianza,
derramada por todos” (Mc 14, 23-24). “Haced esto en
conmemoración mía” Cada vez que coméis
este pan y bebéis esta copa anunciáis la muerte del
Señor hasta que vuelva (1 Co 11, 24.26).
Fiel a la tradición que hemos recibido del
Señor y que los apóstoles nos han transmitido, “la
Iglesia no ha dejado nunca de reunirse para celebrar el misterio
pascual; leyendo cuanto se refiere a él en todas las Escrituras,
celebrando la Eucaristía, en la que se hace presente la victoria
y el triunfo de su muerte, dando gracias a Dios por su don inefable
en Jesucristo, para proclamar gloria, por la fuerza del Espíritu
Santo” (Constitución de liturgia del Vaticano II, 6).
La Catedral de Mallorca, edificada sobre todo para
reunir a la comunidad cristiana que celebra el sacramento más
grande de su fe, ha presentado a los ojos de los fieles las imágenes
de la santa cena de Jesús: primeramente en el portal del
Mirador, dando a significar que entramos en la Catedral para revivir
sobre todo la Cena del Señor; y en el gran retablo del Corpus
Christi, la obra barroca mejor de Mallorca (de Jaume Blanquer, s.
XVII), que preside el ábside izquierdo (restaurado entre
2003 y 2004).
Els fidels perllonguen la celebració eucarística,
en la pregària i l’adoració del Santíssim
Cos de Crist en el sagrari.
16. El proceso, el juicio, la condena de Jesús
a morir crucificado
Los dirigentes del pueblo judío mandaron detener
a Jesús en el Huerto de Getsemaní, adonde había
acudido a orar después de la última cena, y lo llevaron
preso ante el sanedrín –el tribunal supremo de Israel-
y ante el gobernador romano Poncio Pilato. Lo acusaron de alborotar
el pueblo, de querer destruir el templo, de blasfemar haciéndose
llamar Hijo de Dios, de sublevar a la gente contra el emperador
de Roma proclamándose rey de los judíos. Caifás,
el gran sacerdote, y el procurador romano lo interrogaron. Poncio
Pilato, ante la presión de los notables del pueblo, al fin
se lavó las manos y condenó a Jesús a la muerte
de cruz.
El juicio de Jesús está bellamente
cincelado en la predela del gran retablo del Corpus Christi: el
Ecce Homo –Jesús coronado de espinas tras ser azotado
(Jn 19, 5)- ocupa la parte central del alto relieve: a su derecha,
el tribunal religioso; a la izquierda, el tribunal pagano de los
romanos.
17. Jesús, muerto a la cruz
“Pilato los entregó a Jesús para
que lo crucificaran... Cargando él mismo con la cruz, salió
al sitio llamado “de la Calavera”..., donde lo crucificaron...
Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en
él estaba escrito: Jesús el nazareno, el rey de los
judíos” (Jn 19, 16-19). “Era ya eso de mediodía
y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media
tarde... Y Jesús clamando con voz potente, dijo: -Padre,
a tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto expiró”
(Lc 23, 44-46). “El centurión, que estaba enfrente,
al ver cómo había expirado, dijo: -Realmente este
hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39).
Toda iglesia cristiana es presidida por la cruz,
que ha pasado a ser por excelencia el signo del cristianismo. Las
anchas naves de la Catedral dirigen la vista de los fieles hacia
el altar cubierto por el baldaquín, que Antoni Gaudí
colgó de la bóveda el 1912, y que con su inclinación
se proyecta hacia la asamblea celebrante. En su cima se yergue la
cruz con el crucificado, entre Maria, su madre, y el discípulo
estimado. La cruz está formada con piezas de vivos colores:
es la cruz gloriosa, porque de ella brotó la nueva vida.
La cruz da carácter cristiano al ancho espacio de la Catedral:
las amplias naves confluyen hacia el altar y hacia el misterio de
la cruz redentora. Plasma las palabras de Jesús: Cuando yo
sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”
(Jn 12, 23).
Dispersos por su interior, en la sacristía
y en el museo, cruces y crucifijos visibilizan la centralidad del
misterio del Crucificado. Cabe destacar el ex-voto expuesto en el
Museo capitular que representa la Crucifixión del Señor,
para suplicar el descanso eterno de las víctimas de la inundación
de 1406. En lo alto del vitral sobre la capilla del Descendimiento,
se ve al Crucificado en el árbol de la cruz que entrega el
Espíritu; Maria está a su lado. En el coro, las atrevidas
pinturas de J.M. Jujol (al fondo, a la derecha): la sangre de Jesucristo,
que empapa la tierra, hace florecer una nueva primavera, como ya
hemos comentado.
18. Jesús, bajado de la cruz y enterrado
“José de Arimatea, que era discípulo
clandestino de Jesús por miedo de los judíos, pidió
a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato
lo autorizó... Llegó también Nicodemo... y
trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe...
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo amortajaron con una sábana
con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los
judíos. Había un huerto en el sitio donde habían
crucificado a Jesús, y en el huerto un sepulcro nuevo, donde
nadie había sido enterrado todavía. Y como para los
judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro
estaba cerca, pusieron allí a Jesús” (Jn 19,
38-42).
Una magnífica pintura de Ricard Ankermann
(1886) representa, en la capilla homónima, el descendimiento
de Jesús por José de Arimatea y Nicodemo, ante el
dolor de su madre María y de las mujeres que lo habían
seguido desde Galilea. En la capilla de la Piedad, bajo el órgano,
y en el púlpito menor, hay también representaciones
de la Piedad, o compasión de María, con el cadáver
del hijo sobre la falda. En la capilla de la Corona, María
contempla la corona de espinas de Jesús; un relicario con
tres espinas expuesto en el museo, que guarda también otras
reliquias atribuidas a la Pasión: un trozo de la columna
de los azotes, del manto de púrpura, de la esponja con que
le dieron a beber vinagre... Son vestigios de la devoción
medieval.
Cada viernes santo por la tarde, la Catedral, después
de la celebración litúrgica, mantiene la representación
medieval del Descendimiento y de la procesión del santo entierro
de Jesús.
19. Jesús resucitado gloriosamente
“Pasado el sábado, cuando clareaba el
domingo, Maria Magdalena y la otra Maria fueron a visitar el sepulcro.
De golpe se produjo un gran terremoto, un ángel del Señor
bajó del cielo, apartó la piedra y se sentó
encima. Resplandecía como un rayo y su vestido era blanco
como la nieve... El ángel dijo a las mujeres: -No tengáis
miedo! Sé que buscáis a Jesús, el crucificado.
No está aquí; ha resucitado como dijo” (Mt 28,
1-6).
Por la tarde el Resucitado “se presentó
en medio de los apóstoles y les dijo: -Paz a vosotros...
Así dice el Escritura: El Mesías tiene que sufrir
y ha de resucitar al tercer día de entre los muertos, y se
ha de predicar en su nombre a todos los pueblos la conversión
y el perdón de los pecados, empezando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de ello” (Lc 24, 36. 46-48).
Jesús resucitado, el que reúne a la
comunidad de los discípulos, es quien da vida y sentido a
la asamblea que en nombre de él se congrega para celebrar
la fe en él, que vive para siempre y nos guía por
el camino que lleva a la vida. En el púlpito mayor de la
Catedral, en los guardapolvos del coro, vemos la representación
tradicional de Jesucristo que sale del sepulcro. Más simbólica
es la bandera blanca ondeante que J. M. Jujol pintó a la
derecha del coro. El facsímile del candelabro del cirio pascual
que Gaudí realizó para la Sagrada Familia de Barcelona
levanta y ostenta la llama de la vida nueva a lo largo del tiempo
pascual. El Cristo que el artista Miquel Barceló ha diseñado
sobre la cerámica de la capilla del Santísimo quiere
representar la espiritualidad del cuerpo del Resucitado: “El
último Adán es Espíritu que da vida”
(1 Co 25, 45). “El Señor es Espíritu”
(2 Co 3, 18). Esta figura se inspira también en las apariciones
del Resucitado, el cual mostraba los discípulos sus cinco
llagas (Jn 20, 27; Lc 24, 40).
Cada mañana de Pascua, en la Catedral, la
procesión de entrada a la gran misa representa el encuentro
entre el Resucitado y Su Madre: Reina del cielo, alégrate.
El que llevaste en tu seno ha resucitado, tal como dijo. Aleluya!
20. La Ascensión del Señor
Jesús, el Señor, sacó a apóstoles
de Jerusalén hacia Betania, y “levantando las manos
los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de
ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos lo adoraron. Después
se volvieron a Jerusalén llenos de una gran alegría”
(Lc 24, 50-52).
“La Ascensión de Cristo es también
nuestra elevación y, a la gloria donde ha llegado la cabeza,
también el cuerpo tiene la esperanza de llegar” (Oración
colecta de la misa de la Ascensión).
En el púlpito mayor, hay un bajo relieve de
la Ascensión, como también en la sillería del
coro
21. La efusión del Espíritu
Santo sobre la Iglesia apostólica
“Todos los discípulos –con María,
la madre de Jesús- estaban juntos el día del Pentecostés.
De repente un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó
en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas,
como llamaradas, que se repartían, posándose encima
de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo... Pedro
levantó la voz y dijo a los judíos: “Eso que
ahora sucede ya lo había anunciado el profeta Joel: ... “Aquellos
días derramaré mi Espíritu sobre mis servos
y siervas y profetizarán... A Jesús, Dios lo ha resucitado.
La derecha de Dios lo ha ensalzado, y él ha recibido del
Padre el Espíritu Santo prometido, y ahora lo da en abundancia”
(Ac 2, 1-4. 14.16.18.32-33).
Cincuenta días después del domingo
de Resurrección, celebramos Pascua granada. El fruto maduro
de la Pascua del Señor es el don del Espíritu Santo,
que está siempre presente en su Iglesia y da eficacia a los
sacramentos.
Uno de los Gozo de Nuestra Señora, en el púlpito
mayor representa la venida del Espíritu Santo sobre María
y los apóstoles; también la representa el vitral de
la nave menor izquierda sobre el portal de la Almoina. En lo alto
del presbiterio, entre las sogas que sostienen el baldaquín,
aparece una bola pintada de llama de fuego: símbolo del Espíritu
que desciende sobre el altar para realizar la conversión
eucarística.
22. El misterio pascual de Cristo participado
por santa María, asunta al cielo
María, cuando hubo terminado su peregrinación
por esta vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma al cielo gracias
a la victoria de su hijo Jesucristo. De la victoria de Cristo sobre
el pecado, participó, en primer lugar, en su Concepción
Inmaculada; de la victoria sobre la muerte, fue partícipe
en su gloriosa Asunción. Esta verdad de fe, definida en 1950
por Pío XII, la Iglesia la ha recogido por tradición:
la “Virgen María, imagen y primicia de la Iglesia gloriosa”,
no podía sufrir la corrupción del sepulcro: porque
ella “de manera inefable fue madre del autor de la vida”
(Prefacio de la Asunción).
La fiesta del 15 de agosto es la gran fiesta de santa
María. Nuestra Catedral celebra su fiesta titular, honrando
a la “Mare de Déu morta” (la “dormición
de Nuestra Señora”), siguiendo venerable tradición,
en su lecho monumental en el centro de la Catedral, rodeada del
perfume de las albahacas y de la frescura de los mirabeles.
También el retablo de la Grada tiene como
figura central una bella tela de la Asunción (s. XVII). La
coronación de María por la Santísima Trinidad
en el cielo està representada en una tela de la capilla de
la Piedad (s. XVIII). La fachada principal de la Seo, en el frontón,
muestra un bajo relieve de la dormición de María (de
Marc Llinàs, 1886) y culmina en una escultura de Nuestra
Señora subiendo al cielo con los brazos abiertos (de Lluís
Font, 1886). En el vitral central del muro izquierdo de la capilla
real, figura la Asunción de María (obra de Pere Cànaves,
1989).
23. El Señor volverá con gran
poder y majestad
“Habrá signos en el sol y la luna y
las estrellas... incluso el firmamento temblará. Entonces
verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder
y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza,
se acerca vuestra liberación” (Lc 21, 25-28).
En el cielo dice el Hijo del hombre: Yo soy el Alfa
y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Dios del universo...
soy el primero y el último. Soy el que vive: estaba muerto,
pero ahora vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves
de la muerte y de su reino (Ap 1, 8.17-18).
El Hijo de Dios, que abrió la historia (“por
él fueron creadas todas las cosas”, Col 1, 16), la
cerrará también cuando “volverá glorioso
a juzgar a vivos y muertos”.
Sobre la estatua yaciente del primer obispo de la
Sede restaurada de Mallorca, Ramón de Torrelles, a la izquierda
de la capilla del Corpus Christi, aparece la imagen gótica
(s. XIV) de Jesucristo, sentado en un trono como Salvador y como
Juez: tiene las manos extendidas mostrando las llagas de los clavos,
y la lanzada en el costado. Es un juez misericordioso. A su vera
está un ángel que sostiene la cruz, la lanza y los
clavos. El Señor que vendrá a juzgar a todo el mundo
es el Redentor misericordioso, que ama entrañablemente a
los que ha creado y ha redimido con la sangre de su Pasión. |
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IV. Celebrar el misterio de
la fe
l. Sobre todo, la Eucaristía
Toda casa de la Iglesia, de la comunidad de los creyentes
en Cristo, está primeramente al servicio de la asamblea reunida
para la acción de gracias celebrando el memorial de la Pascua
del Señor, según él nos mandó: “Haced
esto en conmemoración mía”. Toda la construcción
y la distribución del espacio interior están al servicio
de la celebración eucarística: que tiene el altar
como centro más visible e importante, el ambón desde
el cual se lee la Palabra de Dios y es predicada a los fieles, la
sede presidencial que es la cátedra episcopal en la Seo,
y también otra sede menor para las celebraciones presididas
por un presbítero. Los ministros, los clérigos que
intervienen en la liturgia, los cantores, y los fieles presentes
ocupan también su lugar para participar en la acción
sacramental.
1.1. El altar:
mesa de comunión y ara del sacrificio memorial
La Eucaristía es un convite y al mismo tiempo
es memorial del sacrificio único, ofrecido por Jesucristo,
una vez para siempre en su Pascua. Entorno a la mesa eucarística,
los creyentes en Cristo elevan su acción de gracias haciendo
memoria de la obra salvadora de Cristo, comulgando con el pan, que
es el Cuerpo entregado para dar vida al mundo, y bebiendo la copa,
que es la sangre de Cristo que sella la Alianza nueva y eterna.
La tradición cristiana presenta el altar como
mesa de un convite fraterno, del que Cristo es al mismo tiempo anfitrión
y alimento: es el banquete del Reino de los cielos en la tierra;
tiene forma de ara –y por eso desde antiguo suele ser de piedra-
del sacrificio de sí mismo y de la inmolación cruenta
en la cruz, que el único Sacerdote y Mediador ofreció
dando la vida para reconciliar a la humanidad con Dios Padre.
El altar de la Catedral de Mallorca es el elemento
más venerable de la misma por su simbolismo teológico,
por su función sacramental, por su arte ligado a nuestra
historia. Probablemente es anterior a la Seo que ahora admiramos,
con sus 8 columnas románicas o góticas primitivas
(cistercienses), una columna de estilo bizantino en el centro (s.
VII?), una gran losa como mesa; tal vez ya fue el altar de la mezquita
habilitada como iglesia cristiana desde 1230 y consagrado en ella
el 1269. Este es el altar dedicado el día uno de octubre
de 1346 cuando se inauguró el culto en el ábside “nuevo”
de la Seo que, desde 1306 aproximadamente, se iba construyendo.
El primero de octubre ha permanecido como memorial de la dedicación
de toda la Catedral al Dios único y Padre de Jesucristo.
Su última consagración la realizó
el obispo Pere-Joan Campins el uno de octubre de 1905, como culminación
de la restauración del altar, cátedra, coro y presbiterio
que se había inaugurado el año anterior y que había
llevado a cabo Antoni Gaudí.
En la restauración de 1904, el altar de la
Seo fue trasladado desde el fondo de la Catedral junto al gran retablo
barroco y fue puesto enfrente de la nave mayor para que, de cualquier
punto de la gran iglesia, los fieles pudiesen seguir la acción
eucarística. Lo rodean cuatro columnas con candeleros y cuatro
esculturas medievales de ángeles músicos. Una barandilla
de hierro forjado con candeleros, también forjada por Gaudí,
adorna, más que separa, el presbiterio. Sus cirios constituyen
ahora la iluminación litúrgica de la mesa eucarística.
Gaudí, el 1904, colgó un baldaquín
muy sencillo para cubrir y honrar el altar: un tapiz antiguo con
un bordado de simbología eucarística. El 1912 el mismo
artista realizó un proyecto, una maqueta, de baldaquín
más fastuoso. Colgado también de las bóvedas,
está formado básicamente por una corona heptagonal,
con espigas y racimos de uvas, de la que cuelgan 35 lámparas.
En la parte alta de la corona, ligeramente inclinada hacia la nave
central, se yergue el Crucificado entre María y el discípulo
amado. La corona sostiene espigas, racimos y pámpanos, en
referencia al pan y al vino de la Eucaristía.
El baldaquín sobre el altar es símbolo
del Espíritu Santo. Es como una epíclesis, hecha arte:
la plegaria que en la oración eucarística implora
la venida del Espíritu. Los siete lados simbolizan los siete
dones del Espíritu y están unidos con unas bolas poliédricas
que llevan las letras SS: iniciales de Spiritus Sanctus.
1.2. Para proclamar la Palabra divina
La mesa de la Eucaristía está íntimamente
unida a la mesa de la Palabra de Dios. Todo lo que anuncia y predica
la Sagrada Escritura, de la primera y de la segunda Alianza, tiene
su cima en la Pascua de Jesús, cuyo sacramento celebramos
en la Eucaristía. Por eso la primera parte del memorial del
Señor consiste en proclamar y escuchar el anuncio de la salvación
que pregonaron los profetas, los apóstoles y Jesucristo mismo.
Tradicionalmente la Iglesia, en la liturgia de la
Palabra, ha reservado el máximo honor a la lectura evangélica,
reconociendo por la fe que es Jesús mismo que nos continúa
anunciando la Buena Nueva por los textos de Mateo, de Marcos, de
Lucas y de Juan. La proclamación del Evangelio, va precedida
de los escritos de los profetas: la historia y la sabiduría
de Israel; de los escritos apostólicos, los Hechos y las
cartas.
Siempre la Iglesia ha elegido un lugar alto para
que la Palabra de Dios leída sea escuchada y entendida de
los fieles. Antes de la última reforma litúrgica conciliar,
el Evangelio se leía en la parte derecha mirando al pueblo;
la primera o las primeras lecturas (profecía y epístolas
apostólicas) en el lado izquierdo. En la Catedral ha permanecido,
como notable monumento renacentista, el púlpito mayor del
siglo XVI, el del Evangelio y de la predicación: lo rodean
bajorrelieves con los siete Gozos: los acontecimientos más
significativos de la vida de Jesús y de María, además
de cuatro estatuillas de los evangelistas y otras cuatro (aunque
una -la de Agustín- quedó trasladada en la restauración
de Gaudí a la parte posterior del púlpito pequeño)
de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina: Ambrosio, Agustín,
Jerónimo y Gregorio el Grande. Todo nos da a entender que
el Evangelio es proclamación de la vida, muerte y resurrección
del Señor, según la narración de los cuatro
evangelios, que explicaron y predicaron los santos Padres y Maestros
de la Tradición cristiana.
El púlpito menor, en tres lados, presenta
bajo relieves de la Anunciación de la Encarnación,
y de la Piedad de María: referencia clara al anuncio que
profetas y apóstoles hicieron de la salvación del
Hijo de Dios, hecho hombre y muerto por nosotros. Fue adornada por
Gaudí con un tornavoz, en el que plasmó figuras importantes
del Nuevo y del Antiguo Testamento: en la cima, el sacrificio de
Abraham cuando se disponía a inmolar a su hijo Isaac: es
la gran historia de fe de la primera Alianza; al borde del tornavoz,
los apóstoles Pedro y Pablo y un profeta.
Desde la Pascua de 2001 la Catedral tiene un nuevo
ambón en el presbiterio, realizado de acuerdo con la decoración
de hierro forjado y madera con que Gaudí diseñó
los atriles para el coro; está situado junto a la barandilla
y candeleros del acceso al presbiterio; lleva incorporado un recipiente
para colocar flores, que indican la vida, la belleza y el buen olor
que difunde en la asamblea la Palabra divina. Durante los cincuenta
días que prolongan el gozo de la Resurrección de Cristo,
un candelabro, facsímile del que realizó Gaudí
para la Sagrada Familia de Barcelona, con una noble columna de pórfido,
sostiene el cirio pascual.
La Palabra de Dios es el tema del vitral de la capilla
de San Jerónimo, obra de Pere Cànovas (1983).
1.3. La Cátedra del obispo
El nombre de Catedral viene de cátedra: la
silla del obispo, maestro primero de la Iglesia local que enseña,
alimenta y pastorea su grey en nombre del Buen Pastor y Maestro
Jesucristo.
Siguiendo la tradición más antigua
de la construcción de las iglesias episcopales, la cátedra
(o sede episcopal) fue colocada en el inicio de la construcción
en el siglo XIV en el ábside nuevo, inaugurado por el obispo
Berenguer Batle en 1346, el cual regaló a sus sucesores la
cátedra de piedra, que conservamos y que Gaudí y Jujol
restauraron y decoraron entre 1904 y 1914. La rodean los escudos
de los obispos predecesores del obispo Campins.
Si el obispo preside junto al altar, se sienta en
una sede, una silla construida a imitación de las que Gaudí
hizo tallar para la Sagrada Familia de Barcelona. En el respaldo,
lleva un bajo relieve del Buen Pastor con la inscripción:
Pastor, Sacerdote, Maestro.
El presbítero que, en comunión con
el obispo, preside la Eucaristía en la Catedral, se sienta
en otra silla del mismo estilo, con el escudo del Cabildo: santa
María con el niño Jesús en brazos, rodeada
de la inscripción: María, Sede de la Sabiduría.
1.4. El coro alrededor del altar y de la
cátedra, para cantar la divina alabanza
La iglesia-madre y catedral es la iglesia del obispo,
padre de la comunidad cristiana local, que celebra, pastorea y adoctrina
al pueblo de Dios con un grupo de presbíteros, llamados canónigos
desde antiguo, que tienen la misión litúrgica y cultural
de mantener el culto en la Catedral y de conservar y promover su
patrimonio de arte y de historia. Al obispo y al cabildo, y a los
demás presbíteros del clero catedral, les ha sido
encomendado especialmente el oficio de alabanza: cantar las alabanzas
del Señor y dirigirle las plegarias, siguiendo la liturgia
de las horas. Es un oficio que ejercen en nombre del pueblo cristiano
de Mallorca y junto al pueblo que, después del Vaticano II,
es invitado cada vez más a participar.
Desde antiguo, y mientras avanzaba a partir del siglo
XIV la construcción de la Catedral, el coro fue ocupando
el centro y buena parte de la nave central, al estilo de muchas
catedrales españolas. En el siglo XVI se convirtió
en un verdadero edificio dentro del inmenso edificio catedralicio,
el cual quedó fuertemente afectado en su proporcionalidad
y espacio, sobre todo por lo que atañe a la participación
de los fieles, alejados en gran parte de la visión y seguimiento
de las celebraciones litúrgicas. El obispo Campins encargó
al genial arquitecto Gaudí que trasladase el coro desde el
centro de la Catedral a la capilla real, en torno a la cátedra
y al altar. La gran restauración se inauguró en la
fiesta de la Inmaculada, 8 de diciembre, de 1904.
Así el ministerio del obispo, de los presbíteros
y de los otros clérigos aparecía centrado alrededor
del altar y de la cátedra, dispuesto para celebrar los santos
misterios.
1.5. El gran
espacio de las tres naves para la asamblea del Pueblo de Dios
El proyecto arquitectónico litúrgico
de restauración de la Catedral, expuesto por el obispo Pere-Joan
Campins en la carta pastoral de la Asunción de la Virgen
de 1904, exponía así la distribución del espacio
catedralicio: el altar para el sacrificio eucarístico, la
cátedra para el padre y pastor de la diócesis, el
coro para los ministros de la Iglesia, las naves para todo el pueblo
de Dios.
Así concibió su plan, animado por el
movimiento litúrgico que llevaba en la mente y en el corazón,
movimiento litúrgico iniciado hacia 1850 y culminado en el
Vaticano II, a cuyas disposiciones se adelantó el gran obispo
de Mallorca propiciando la participación de los fieles en
la sagrada liturgia, “fuente primera e indispensable de la
vida cristiana”, como enseñó el 1903 el papa
san Pío X.
La gran intuición y coraje del obispo Campins
para romper barreras y suprimir impedimentos se han visto altamente
sancionados en los grandes encuentros del pueblo cristiano de Mallorca,
y de otras procedencias, en la Catedral, en la que ésta se
siente madre feliz por la multitud de hijos e hijas de Dios, en
Pascua y Semana santa, en la noche de Navidad, en la fiesta del
Corpus y en tantas ocasiones solemnes y populares, que jalonan el
calendario de la Iglesia mallorquina.
1.6 La música y el canto
El canto del pueblo de Dios en el culto cristiano
es noble expresión de su fe gozosa, vigoriza la palabra –de
Dios y de la Iglesia-, aporta a la acción litúrgica
una solemnidad y prestancia que no puede ser suplida por ningún
otro elemento. Cantar es reforzar la proclamación y la plegaria.
Cantar en la Eucaristía es propio de los creyentes en Cristo
desde los inicios de la Iglesia: “Cantad a Dios, dadle gracias
de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados”
(Col 3, 16). Las cartas de Pablo y de Pedro incluyen himnos de la
primitiva comunidad; y el libro del Apocalipsis describe a menudo
el canto de acción de gracias de las multitudes celestiales.
Cantar en la liturgia siempre ha sido considerado como una asociación
a la alabanza angélica del cielo.
Gaudí levantó dos tribunas a cada lado
del presbiterio renovado para los cantores: adornadas con celosías
y carteles, que llevan las notas musicales sacadas del himno a san
Juan Bautista de Guido de Arezzo.
La Catedral tiene un coro de adultos para la misa
conventual de los domingos y para las grandes celebraciones, y una
escolanía de niños y niñas (los Vermells),
que fue restablecida el año 2000.
La Catedral acoge muchos domingos coros europeos
que intervienen en alguna celebración eucarística.
Asimismo, a lo largo del año, se organizan conciertos de
coros de Mallorca y de otras procedencias, frecuentemente con acompañamiento
de instrumentos musicales.
La Catedral desde antiguo ha disfrutado de un órgano
adaptado a su tamaño y a la solemnidad del culto. El gran
órgano actual fue estrenado el 1797 y su última restauración
fue bendecida en 1993. En el coro, hay otro órgano de acompañamiento
que fue inaugurado en 2001. Cada año los domingos de octubre
se organiza un festival de órgano, con maestros de fama internacional.
Otros conciertos de órgano jalonan a lo largo del año
el calendario musical de la Seo.
1.7. La iluminación de la Catedral
para la celebración
Las luces son signo de alegría y de fiesta
para la mesa eucarística y para la asamblea celebrante. Ya
lo fue en Tròada, aquel domingo en que el apóstol
Pablo se despedía de la comunidad: “en la sala de la
casa donde nos habíamos reunido había muchos lamparones”
(Hechos 20, 8).
A comienzos del siglo XX, la energía eléctrica
empezaba a usarse cada vez más para iluminar casas, lugares
públicos, calles. Fue Antoni Gaudí quien la introdujo
plenamente en la Catedral, durante la restauración que llevó
a cabo a partir de 1904. Substituyó los cirios de cera por
bombillas eléctricas; igualmente en lugar del aceite que
alimentaba los vasos de los cinco lamparones colocó bombillas
de luz eléctrica y los distribuyó por el centro y
por las dos naves laterales. Forjó artísticas anillas
de hierro para las columnas a fin de que los fieles dispusieran
de luz suficiente durante las celebraciones. Cuatro candeleros,
también de hierro artístico, sobre columnas que sostienen
cuatro bellas estatuas góticas de ángeles, están
situados en los cuatro ángulos de las gradas del altar. La
iluminación del baldaquín, de sus lámparas,
corona y bolas, es alimentada por energía eléctrica.
La barandilla que separa artísticamente presbiterio y nave
mayor llevaban hasta hace poco cirios de madera con bombillas. Gaudí
substituyó por doce candeleros de hierro forjado, con falsos
cirios y bombillas, el antiguo corredor de los cirios que circundaba
la capilla real. Cinco lampadarios con pequeñas y multicolores
bombillas adornan fantásticamente la parte alta y los lados
del ábside mayor sobre el coro. Este cúmulo de luz
eléctrica confiere impronta festiva a la Eucaristía
de la Catedral, potenciada aún, en 1996, por artística
iluminación general, de acuerdo con los avances de la técnica.
A la luz artificial, se añade, sobre todo
cuando luce el sol de nuestro Mediterráneo, la luz potente
filtrada por los numerosos vitrales y rosetones. Hasta el siglo
XX, la Catedral permaneció muy oscura: casi todos los ventanales
habían quedado tapiados. En lo alto de la nave mayor hacia
levante, lucía con cristales el ojo mayor del arte gótico.
Gaudí empezó por iluminar con vidrios artísticos
el rosetón abierto encima de la capilla de la Trinidad. Luego
diseñó e hizo fabricar con un sistema propio dos grandes
vitrales para la capilla real; su obra quedó interrumpida
en 1914. A partir de 1926 el Cabildo catedral impulsó una
campaña para iluminar con vidrieras los ventanales que aún
permanecían cegados. Tal empresa terminó en 1996 para
los ventanales de las naves. En 2006 Miquel Barceló ha diseñado
cinco nuevos vitrales para la capilla del Santísimo.
1.8. Imágenes de ángeles servidores
del culto
Una larga y bella tradición cristiana conecta
en comunión y sintonía el culto de la Iglesia terrena
y el de la Iglesia celestial. El arte cristiano ha ambientado frecuentemente
la celebración cristiana con imágenes de ángeles
que a manera de acólitos o músicos sirven la liturgia.
Así la Catedral, en el siglo XIV, incorporó seis estatuas
góticas de ángeles ceroferarios (que llevan candelabros
con cirios) adosadas a las columnas que bordean el fondo del ábside
para significar que ángeles servían el altar que entonces
estaba situado a los pies de la cátedra episcopal. Ya he
mencionado los cuatro ángeles músicos que rodean,
sobre columnas con candeleros, el altar mayor. También la
capilla de la Trinidad exhibe cuatro figuras de ángeles servidores
del culto. El portal del Mirador está adorando también
con multitud de ángeles músicos y de ángeles
turiferarios, con incensarios, que ensalzan la obra de la salvación
que allí está representada.
1.9.La adoración y la contemplación
del misterio eucarístico después de la misa
El Señor Jesús, presente bajo los velos
del pan eucarístico, permanece presente entre nosotros tras
la celebración del memorial de la Pascua. Verifica las palabras
de despedida a los apóstoles “Yo estoy con vosotros
todos los días hasta la fin del mundo (Mt 28, 20). La Iglesia
reserva con todo decoro el cuerpo eucarístico del Señor
para llevar la comunión a los enfermos y para que sea contemplado
en su misterio de donación amorosa, “hasta el extremo”,
para que sea adorado por los fieles que así prolongan la
oración iniciada en la acción de gracias de la misa
y preparan su participación en la próxima celebración.
Antiguamente el santísimo cuerpo de Cristo
era reservado, con honor, en arquetas dentro de la sacristía.
El museo catedralicio conserva algunas de ellas, notables por su
arte y antigüedad. En el siglo XIV, la Catedral de Mallorca
“inventó” un lugar más digno para reservar
el pan consagrado: la imagen titular de Santa María. Esculpió
esta maravillosa estatua gótica Guillem Sagrera: en su costado
izquierdo, justo debajo de la figura del niño Jesús,
abrió una especie de arqueta decorada con un cielo estrellado
(símbolo del universo, para los medievales), destinada a
conservar las hostias consagradas. La idea de tal “invento”
fue quizás sugerida por una antífona mariana: “Aquel
que el universo entero no puede contener, se encerró en tus
entrañas al hacerse hombre”. El ingenio de la Catedral
fue seguido por muchas iglesias parroquiales y conventuales de Mallorca,
que conservan una docena de imágenes de este tipo. Los documentos
antiguos hablan del “sagrario de nuestra Señora”,
refiriéndose a la mencionada imagen que ocupaba el centro
del antiguo retablo gótico y que Gaudí, en 1904, colocó
en la capilla de la Trinidad.
A partir del siglo XV y en torno al Concilio de Trento
se fue generalizando la reserva eucarística en sagrarios,
hasta el día de hoy. El actual en la Catedral es el de cerámica,
todo resplandeciente de oro, que forma parte del recubrimiento de
la capilla del Santísimo, obra de Miquel Barceló (2005).
La gran fiesta del Cuerpo eucarístico del
Señor es el Corpus Christi. La misa solemne de esta festividad
se prolonga en la procesión por la ciudad antigua. Para mostrar
y adorar el pan eucarístico, nuestros antepasados encargaron
a buenos plateros mallorquines una custodia procesional, que empezó
a cincelarse en el siglo XV y se terminó en el XIX.
2. El bautismo, primer sacramento de la fe
Entrando por el portal mayor, a la derecha, encontramos
el baptisterio. Es el espacio que el capuchino fray Miquel de Petra,
sobrino del beato Junípero Serra, diseñó, según
el estilo neoclásico del siglo XVIII, para la celebración
del bautizo, por orden el obispo Rubio Benedicto. Fue situado en
el sitio tradicional: a la entrada de la iglesia, que se vinculaba
al ingreso en la comunidad cristiana mediante el sacramento del
bautismo.
La pila bautismal, de piedra mallorquina, es grande
y suntuosa, en forma de sarcófago clásico: bien se
puede relacionar con el significado que san Pablo en la carta a
los romanos (6, 3-11) da al bautismo: consepultura con Cristo en
la muerte y conresurrección con él; palabras apostólicas
que hacen comprensible y elocuente la forma del bautismo por inmersión,
la más significativa y aún prevalente en el ritual
posconciliar, y posible en esta pila de la iglesia madre de la diócesis.
Seis telas de pintura neoclásica de notable
valor decoran el baptisterio catedralicio: al fondo el bautismo
de Jesús por manos de Joan, con la teofanía: el Padre
y el Espíritu Santo (en forma de paloma) sobre el Hijo; a
la derecha el bautismo del primer pagano llamado a la fe, Cornelio,
por manos del apóstol Pedro (Hechos 10), y a la izquierda
la del rey de los francos Clodoveo, por manos de san Remigio (a.
496). Los autores son respectivamente los valencianos Lluís
A. Planes, Josep Camarón y Josep Vergara. En lo alto, telas
circulares representan ángeles que sirven como acólitos
la celebración bautismal: unos aportan el agua, otros presentan
las palabras que se pronuncian para administrar el sacramento, los
demás ofrecen el óleo de los catecúmenos y
el crisma.
La Catedral abriendo las fuentes bautismales en la
vigilia pascual, confirmando con el don del Espíritu Santo
por el ministerio del obispo, admitiendo a la primera Eucaristía,
realiza la iniciación cristiana de los nuevos hijos de la
Iglesia de Mallorca.
3. El sacramento de la reconciliación
y de la penitencia
El cristiano que ha roto, o debilitado, la comunión
con Dios y con la Iglesia es invitado al sacramento de la reconciliación:
por el arrepentimiento de los pecados y la conversión, por
la humilde confesión de los pecados, por la absolución
sacramental que el sacerdote pronuncia en nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, como ministro de la Iglesia, mientras
el penitente decide reemprender el camino de una vida nueva aceptando
la obra penitencial que le estimula a seguir más fielmente
el Evangelio.
La Catedral como iglesia madre acoge los penitentes
ejerciendo el ministerio apostólico y episcopal de la reconciliación,
confiado especialmente al canónigo penitenciario. La sede
penitencial de éste es obra de Antoni Gaudí.
4. La misa crismal: fuente de sacramentos
para la Iglesia local
Antes del Triduo pascual, el miércoles santo,
la Iglesia de Mallorca celebra uno de sus encuentros más
significativos: el obispo, concelebrando con los presbíteros,
asistido por los diáconos y otros ministros, con la participación
activa del pueblo de Dios, bendice los óleos de los catecúmenos
y de los enfermos y consagra el santo crisma.
Así la Catedral aparece como madre fecunda
y gozosa por la vitalidad de sus hijos e hijas, por la dedicación
de sacerdotes y diáconos, con la solicitud de quien en Mallorca
representa a Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. Él,
de alguna manera, en representación de Cristo, es la fuente
y ministro principal de los sacramentos, que santifican a los llamados
a la salvación, mediando la unción del Santo Espíritu
que nos configura a Cristo, el Ungido, que fortalece en la lucha
cotidiana contra el mal y para implantar el Reino de Dios; que conforta
y alivia a quienes padecen enfermedad; que consagra a los que representan
al único Sacerdote Jesucristo, que presiden en nombre de
él la asamblea celebrante; que dedica al Señor altares
e iglesias. |
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V.
Testigos y seguidores de Cristo, intercesores por el pueblo de Dios
1. Santa María Virgen, en la Catedral
de Mallorca
La asamblea litúrgica celebrante se siente acompañada
de la Iglesia de los santos del cielo, rememora sus ejemplos e implora
su intercesión.
La primera santa entre los santos que escuchó y acogió
la Palabra del Hijo de Dios fue Maria, su madre, y la guardó
en su corazón (Lc 2, 19.51). El Padre la había creado
santa e inmaculada desde su Concepción purísima. La
comunidad apostólica la tuvo por modelo y guía de
la oración cuando aguardaba la efusión del Espíritu
Santo (Hechos 1, 14). Desde entonces la Iglesia de todas las generaciones
la ha venerado como madre y como modelo en el seguimiento del Señor
y como intercesora en los momentos difíciles de la peregrinación
hacia el Reino. Jaume I, educado en la piedad del Císter,
le profesó devoción profunda. Por Jesucristo y por
santa María, quiso conquistar un Reino sobre el mar. Después
del 31 de diciembre de 1229, le dedicó la primera iglesia
de la ciudad de Mallorca, para la que había habilitado la
mezquita real. Siguiendo esta tradición, Jaume II dedicó
también a santa María la nueva Catedral que inició
el 1306. Santa María, con su Hijo, Jesús, a los brazos,
ha presidido y ha sido la imagen emblemática de La Sede de
Mallorca.
La primera escultura de la titular, seguramente data de finales
del siglo XIII, que recibe el nombre de “Nuestra Señora
de la Grada”. Es una imagen románica, llena de majestad,
sentada en trono real decorado con las barras de los condes de Barcelona,
siendo ella misma trono del Hijo que lleva sobre la falda, cual
“sede de la Sabiduría”, el Verbo de Dios hecho
hombre. El sello de la Catedral y del Cabildo está formado
por esta imagen mayestática de Nuestra Señora de la
Seo, como se puede admirar en la sala capitular barroca y en el
coro.
Segunda titular de la Catedral, en el siglo XIV, es la Virgen sagrario,
que hemos descrito, y que vuelve a presidir la Seo desde 1904.
En el parteluz del portal del Mirador, se colocó una escultura
perfectísima de Nuestra Señora (s. XIV), hoy retirada
en el museo capitular y sustituida por una réplica de Guillem
Galmés (s. XX): santa María acogía así
a los fieles que entraban en la Catedral, pues ella es la “puerta
del cielo”, de la Jerusalén celestial, simbolizada
en la Catedral.
“Reina y Madre de misericordia” era y es invocada María
en el canto de la Salve, tan apreciado por la devoción de
los mallorquines que, sobre todo en siglos pasados, se sentían
rodeados de tantos peligros de mar y tierra. La inundación
provocada por el desbordamiento del torrente de sa Riera, en 1406,
que causó una mortandad espantosa, hizo que los palmesanos
volvieran nuevamente sus ojos a Maria, madre de gracia, madre de
la merced, madre de misericordia, madre del manto, “madre
de todos”, e invocó su amorosa maternidad con un ex-voto,
colgado sobre la sepultura de las víctimas en la Catedral:
santa María ampara bajo su manto hombres y mujeres de cualquier
estamento. El ex-voto (ahora expuesto en el Museo capitular). Un
vitral en el coro, de 1989, sigue la iconografía de la Virgen
del manto para plasmar el título de “Madre de la Iglesia”,
proclamado por Pablo VI en la clausura del Vaticano II.
Vinculadas a los inicios de la Iglesia restaurada de Mallorca en
el siglo XIII, son las advocaciones catalana y mallorquina de Nuestra
Señora de Montserrat y de Nuestra Señora de Lluc.
Tradicionalmente los dos santuarios han recorrido su historia hermanados.
A la izquierda y a la derecha del interior de la capilla de la Piedad,
hay dos representaciones de ambas Vírgenes del siglo XVIII:
revestidas al estilo barroco, aparecen situadas sobre sus santuarios
y montañas, veneradas de sus escolanes.
Muy coherente con la tradición marinera de Palma, está
la advocación de Nuestra Señora de los Navegantes,
colocada desde el siglo XVIII en lo alto del retablo de San Benito.
Otras devociones marianas del pueblo mallorquín, propagadas
por Órdenes religiosas, están presentes en la Catedral:
Nuestra Señora del Rosal (capilla de la Corona), Nuestra
Señora de la Merced y la Virgen del Carmen (a la capilla
de la Grada). Dos pinturas en la capilla de la Piedad representan
a Nuestra Señora de la Soledad y a la Virgen del Pilar.
Otras advocaciones y misterios marianos han sido descritos en páginas
anteriores.
2. Apóstoles y evangelistas
Los doce apóstoles, elegidos por Jesús –a los
que se añadió san Pablo-, han gozado de una devoción
mucho extendida en el pueblo cristiano.
Desde el siglo XIV, las imágenes de Pedro y Pablo, elevadas
sobre las primeras pilastras, dan la bienvenida a la capilla real
y presbiterio. Imágenes de ambos están en la parte
alta del arco del trascoro (entrada de sacristía de Vermells).
También aparecen en el tornavoz, diseñado por Gaudí,
del púlpito menor. Es notable la escultura de plata del apóstol
Pedro en el museo capitular. La conversión de san Pablo es
una tela (s. XVII) en el extremo izquierdo de la predela del retablo
del Corpus Christi.
En este mismo retablo, a la derecha, hay la imagen de san Matías.
San Mateo es representado en el retablo gótico del siglo
XIV (él y san Francisco), ahora en el museo capitular. Una
tela lo representa también en el retablo de la Corona.
San Jaime, el mayor, con hábito de peregrino de Compostela,
es una de las figuras del retablo gótico del siglo XIV; fue
colocada por Gaudí sobre una peana y bajo dosel a la izquierda
de la capilla real. Se puede ver también en el retablo de
la Piedad y en el de San José.
Cabe mencionar aquí a la santa Apóstol, María
Magdalena, representada en dos estatuas: la que proviene del retablo
gótico y que Gaudí colocó a la derecha de la
capilla real, con el vaso de los ungüentos en su mano, y la
que está situada en el ático de la capilla de San
Jerónimo.
Todos los Apóstoles aparecen en el vitral Regina Apostolorum,
a la derecha de la capilla real (1982).
Estatuillas de los cuatro evangelistas rodean el púlpito
mayor (siglo XVI): san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan.
Sus símbolos, el tetramorfos (hombre, león, toro y
águila), sacados del libro de Ezequiel (1, 10), desgraciadamente
mutilados, se pueden ver en el arranque de las nervaduras de la
capilla de la Trinidad. San Juan evangelista tiene una estatua,
junto a la de San Jaime, en la parte izquierda de la capilla real
y en lo alto del portal mayor. Tiene como atributos la águila
y el cáliz.
3. Santos y santas mártires
Son los testigos (mártires) de Jesucristo que, con su sangre,
dieron la prueba del amor más grande: la de morir por Aquél
y por aquellos que amaban (Jn 15, 13).
Un vitral de 1982, a la izquierda de la capilla real, Regina martyrum,
presenta un conjunto de testigos del Señor: el beato Ramon
Llull, santo Sebastián, los mártires de Uganda, san
Lorenzo, santa Bárbara, santa Lucía y santa Catalina
de Alejandría, san Jorge y san Pablo Miki.
El patrón de Palma, san Sebastián, tiene retablo
y capilla, antiguamente bajo protección de los jurados y
ayuntamiento de la ciudad. La estatua titular fue esculpida en Roma
en el s. XVIII. En el museo capitular se exhibe la bellísima
tabla de Alonso de Sedano, encargada por los jurados el 1488. La
reliquia de su brazo llegó desde Creta a Palma el 1523, y
se expone en el museo capitular en notable obra de platería
del s. XVI.
Santa Eulalia de Mérida era venerada en una capillita sobre
el coro; su imagen y pasajes del martirio fueron pintados en bello
retablo, regalado por el obispo Berenguer Batle y obrado por Jaume
Loert (s. XIV); ahora se exhibe en el museo capitular.
Santa Eulalia y santa Bárbara tenían estatua en el
antiguo retablo gótico; fueron colocadas por Gaudí
en la parte derecha encima el coro. Santa Bárbara, antigua
patrona menor de Mallorca, y santa Práxedes –cuyos
huesos se dice que reposan en la capilla del vecino palacio de la
Almudaina- flanquean la imagen de San Sebastián en el retablo
de este.
Santa Cecilia, mártir romana, patrona de los músicos,
tenía dedicada la actual capilla del Descendimiento. En el
ático del retablo, se ve la santa acompañada de ángeles,
pintada por Guillem Mesquida. De esta capilla proviene el frontal,
obra también de Mesquida (s. XVIII), ahora colocado en la
entrada de la sacristía de Vermells (restaurado el 2003).
San Blas, obispo y mártir en Armenia, de gran devoción
popular, tiene estatua en el retablo del Descendimiento.
Santa Catalina de Alejandría y santa Lucía son representadas
en las calles laterales del retablo de San Jerónimo (s. XVII).
Santa Coloma, mártir hispánica del s. III, fue bellamente
pintada por Ricard Ankermann (1836), en el retablo del Corazón
de Jesús, junto a san Silvestre, papa del s. IV. El 31 de
diciembre, fiesta de ambos, es el día de la reconquista de
Jaume I. Esta capilla fue dedicada por los jurados al Ángel
del Reino de Mallorca.
4. Los santos Padres y Maestros de la Iglesia
Con su dedicación pastoral hicieran de Padres a la Iglesia
antigua, y con su doctrina la consolidaran en la fe y en el seguimiento
del Señor.
La iconografía de las Catedrales de Occidente ha privilegiado
los cuatro grandes Doctores y Padres de la Iglesia latina: san Ambrosio
(+ 397), san Agustín (+ 430), san Jerónimo (+ 420)
y san Gregorio el Grande (+ 604). sus pequeñas estatuas (s.
XVI) circundan el púlpito mayor (una, la de Agustín,
quedó desplazada detrás del otro púlpito, en
la reforma de 1904). En el portal mayor, de 1601, en las calles
laterales, aparecen asimismo las esculturas de estos cuatro Doctores.
También san Ambrosio, san Agustín y san Gregorio
son representados en imágenes adosadas a nervaturas de la
capilla de San Bernardo, junto a las de los doctores orientales
san Basilio (+379), san Juan Crisóstomo (+ 407) y san Cirilo
de Alejandría (+ 444), colocados por sugerencia de Gaudí
cuando su colaborador Joan Rubió y Bellver diseñaba
la decoración de esta capilla (a partir de 1913). Por aquellos
años la Iglesia latina promovía, desde León
XIII, un acercamiento a las Iglesias orientales.
Los cuatro doctores de la Iglesia oriental son representados, en
telas del s. XVII, en la capilla de la Asunción o de la Grada:
san Atanasio (+ 373), san Juan Crisóstomo, san Basilio y
san Gregorio Nacianceno (+ 390).
San Jerónimo, el doctor máximo en la explicación
de las Sagradas Escrituras, tiene capilla y un retablo manierista,
fechado el 1602 y atribuido a Gaspar Oms. En el centro, el santo
monje y presbítero, revestido de la púrpura cardenalicia
según la fantasía anacrónica del Renacimiento;
en el ático es representado como eremita y penitente en el
desierto.
San Martín de Tours (+ 397), monje y obispo de gran celo,
veneradísimo en Occidente, tiene retablo barroco del s. XVIII
y capilla. En el centro, se ve la donación que el santo,
todavía catecúmeno, hizo de media capa suya a un pobre,
que resultó ser Jesús mismo.
San Benito (+ 560), padre de los monjes de Occidente, tiene retablo
barroco y capilla, por donación del obispo benedictino dom
Benet Panyelles (1730-1743).
San Bernardo de Claraval (+ 1153), llamado por algunos “el
último de los Padres”, desde antiguo ha sido venerado
en la Catedral de Mallorca. El retablo actual fue bendecido el 1921.
Fue diseñado por Joan Rubió siguiendo el plan gótico
de las capillas de la Catedral: su altura permitió la apertura
de los tres vitrales del fondo, dibujados por Darius Vilàs,
con escenas de la vida del gran monje y reformador, que son representadas
también en los seis bajo relieves laterales, junto a un conjunto
de santos del Císter.
Hay que mencionar también las imágenes de los grandes
doctores escolásticos, santo Tomás de Aquino (+ 1274)
y san Buenaventura (+1274) en el retablo de San Martín.
5. Santos, y ángeles, más venerados
y preferidos del pueblo mallorquín
Arranca del siglo de la reconquista la devoción de los santos
en Mallorca: florecía en la Cristiandad medieval cuando aquí
se restauró el culto cristiano. Incluso durante la interrupción
del cristianismo en tiempos de la dominación islámica
(903-1229), persistieron topónimos de santos: san Martín,
san Lorenzo, santa Eulalia...
En la devoción popular, es abanderado san Antonio abad (+
356), representado venciendo las tentaciones en el desierto, en
lo alto del retablo del Corpus Christi. Su imagen aparece también
en el retablo de su homónimo san Antonio de Padua, junto
a san Pablo de Tebas (+356), llamado el primer ermitaño.
San Bruno (+ 1101), el fundador de la Cartuja, gozó de devoción
por la presencia del monasterio-eremitorio de su Orden en Valldemossa.
Una estatua, que Adrià Ferrà cinceló hacia
1812 con notabilísima perfección, es expuesta actualmente
en la capilla junto al portal mayor, entrando a mano izquierda.
Otra escultura del santo eremita se puede ver en el retablo del
Descendimiento.
San Francisco de Asís (+ 1226) obtuvo gran devoción
popular por el arraigo de su Orden en Mallorca, desde 1230. Pintado
sobre tabla en el retablo gótico (s. XV), dedicado a él
y a san Mateo en el museo capitular, con escenas de su vida; hay
una bella imagen barroca del seráfico fundador recibiendo
los estigmas en la capilla del Corpus Christi. Él y el fundador
de los Predicadores, santo Domingo de Guzmán (+ 1221), dándose
el abrazo fraterno cuando, según la tradición, coincidieron
en Roma, son representados en un cuadro del retablo de la Corona.
San Ramón de Penyafort (+ 1275), tan vinculado a la historia
del rey Conquistador, es representado junto al beato Ramón
Llull en una tela de la capilla de la Purísima, de Guillem
Mesquida; igualmente aparece en un medallón barroco de la
sala capitular gótica.
San Antonio de Padua, o de Lisboa (+ 1231), uno de los santos más
venerados en la Iglesia latina, gozó desde antiguo de un
culto muy popular en Mallorca. La Catedral, en el siglo XVIII, le
dedicó capilla y retablo, el cual fue diseñado a modo
de gran escenario que representa la predicación del santo
taumaturgo.
San Ramón Nonato (+1240), mercedario, redentor de cautivos
y abogado en los partos difíciles, tiene una estatua, con
la custodia en su mano, en la capilla del Descendimiento.
El beato Ramón Llull (+1316), nacido no muy lejos de la
Catedral hacia 1232, se convirtió tras llevar vida cortesana
en el palacio real de Mallorca, y lo dejó todo para predicar
el Evangelio a los no cristianos y para promover la reforma de la
Iglesia. Escribió numerosas obras y desplegó un gran
dinamismo, por toda la Cristiandad, para llevar adelante el “santo
negocio” de Jesucristo. Es el hijo mayor de la Iglesia mallorquina.
En su testamento dejó un legado para la obra de la Seo, y
es venerado en el retablo de San Sebastián, en la capilla
de la Purísima –cuyo misterio defendió con ahínco-,
en la reja de la capilla de la Corona; tiene una estatua adosada
en una torre de la fachada principal (escultura de Guillem Galmés,
finales del s. XIX).
San Vicente Ferrer (+1419), predicador y taumaturgo, vino a Mallorca,
invitado por el obispo Lluís de Prades, pronunció
sermones en muchos de pueblos y en la Catedral. Un cuadro en el
museo capitular recuerda el sermón predicado en la Catedral;
y otros dos llevan la imagen tradicional del santo predicador en
las capillas de San Martín y de la Piedad.
San Francisco de Borja (+1572), duque de Gandía, discípulo
de san Ignacio de Loyola, renunció a todo para entrar en
la Compañía de Jesús, de la que fue el tercer
general. Intervino en la fundación de los jesuitas en Monti-Sion
de Palma (1561). En la capilla de San Sebastián está
representado en la predela en actitud de rechazo de las glorias
del mundo.
Santa Catalina Tomás (+ 1574), nacida en Valldemossa, canonesa
agustina en Santa María Magdalena de Palma, fue favorecida
con el don de la contemplación y de consejo, alentó
el obispo Arnedo en la reforma tridentina de Mallorca, gozó
de una gran fama popular de santidad y de una devoción muy
extendida. Una tela la representa en el retablo de San Sebastián
y en el arco de la capilla de la Piedad, y una estatua suya, de
Guillem Galmés, está adosada a una torre de la fachada
principal.
Santa Teresa de Jesús (+ 1582), reformadora de la Orden
carmelitana y doctora de la Iglesia, tuvo en Palma la primera iglesia
dedicada. Los lectores de sus obras espirituales y su Orden difundieron
su devoción en Mallorca. Una estatua de ella se venera en
el retablo de San José, del cual era muy devota.
San Alonso Rodríguez (+ 1617), hermano coadjutor de la Compañía
de Jesús, entró en Monti-Sion como portero el 1571.
Director espiritual y maestro de oración, murió en
gran fama de santidad; el pueblo lo veneró como patrón
de Mallorca ya antes de su beatificación. Un retrato suyo
es expuesto en el muro derecho de la capilla de San Sebastián.
Otros santos de devoción mallorquina son venerados en el
retablo de San Sebastián, patrón de la ciudad: san
Pedro Nolasco (+1249), fundador de los mercedarios; una tradición
afirma que vino a Mallorca a rescatar cautivos cristianos antes
de la reconquista de Jaume I; san Nicolás de Tolentino (+
1305), abogado contra la peste; san Andrés Avelino (+ 1608),
invocado contra la muerte repentina, que fue patrón menor
de la diócesis.
Todos los santos son honrados en el vitral de la capilla real (1982):
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