LAs bodas de canÁ
 
Lorenzo Tous
 

 

 

El episodio de las bodas de Caná, en el Evangelio de Juan (Jn 2,1-11) resume toda la obra de Jesús, según la interpretación que su autor hace de ella.

Llama la atención el silencio que los otros escritores y escritos del NT mantienen acerca de esta escena de Caná, hecho, de buenas a primeras, tan espectacular como significativo.

¿Por qué regaló Jesús tanto vino (entre 480 y 720 litros) a unos comensales que ya habían agotado las reservas previstas por el novio?. Y además, enseguida y solamente después de habérselo propuesto su madre, es decir, cuando ya no tenían necesidad de ello.

Los signos de Jesús obedecían siempre a una necesidad que le era presentada por personas con fe. El caso de las bodas de Caná es totalmente diferente: ni los novios ni los comensales pidieron nada, porque no tenían ninguna necesidad.

Estamos ante la presencia de un signo, el primero de los que hizo Jesús según el evangelista. La palabra “signo” es propia de Juan para expresar las manifestaciones de la divinidad de Jesús que provocan la fe. Son expresiones literarias de la fe apostólica en la Resurrección salvadora de Jesús que necesitan servirse de lo simbólico para dar a entender mejor todo el contenido de la fe en el Señor Resucitado. Los recursos literarios de este evangelista se nutren del AT, al que toman como fuente.

El episodio de las bodas de Caná tiene resonancias del Génesis: “El sexto día Dios creó el hombre y la mujer”. Juan sitúa el signo de Caná en un sexto día a partir del capítulo 1,29.35.43;2,1. Por medio de esta referencia indirecta, Juan quiere dar a entender que el Señor Resucitado es el creador del hombre nuevo.

Esta nueva creación, que supera el estado natural del hombre, se expresa por medio de la transformación del agua en vino. El cambio no es tan sólo de la naturaleza humana, sino también de la relación que el hombre mantiene con Dios. Antes se accedía a Dios por medio de la Ley de Moisés, es decir, por medio de la Antigua Alianza, escrita en las tablas de piedra de la Ley que Moisés leyó ante el pueblo de Israel al pie de la montaña del Sinaí.

También eran de piedra las seis tinajas que contenían el agua en Caná. Seis y no siete, número, este último, que simbolizaba el infinito y la plenitud. Esto significa que aquella Ley era imperfecta, exterior, incapaz de tansformar al hombre. Juan desprecia el uso de aquel agua “destinada a las purificaciones de los judíos”.

Los primeros cristianos, después de recibir el Espíritu Santo gracias a la resurrección de Jesús, cuando se sintieron transformados interiormente por Él, miraban las purificaciones, tan usuales en la religión judía, como ritos ineficaces, obsoletos e inútiles.

Jesús estableció una nueva relación con Dios, una Nueva Alianza, gracias a la transformaciaón de nuestra naturaleza mortal en una naturaleza de hijos de Dios, hechos para la vida eterna.

El paso de la Ley externa de Moisés a la gracia de Jesús que nos hace hijos de Dios se expresa en Caná por medio de la transformación abundante del agua en vino.

El judaismo purificaba externamente la piel con agua. La obra de Jesús diviniza el interior de todo el que cree en Él. El agua de los judíos servía para lavar la piel; el vino de Caná es para beber y así interiorizar la gracia.

El paso de la Antigua a la Nueva Alianza tiene un testimonio singular: la madre de Jesús. Maria acude a Caná aparte de Jesús y de sus discípulos. Consciente y fiel observante de la Antigua Alianza, conoce su dinámica y es la primera en darse cuenta de que la Ley ya no sirve para salvar. Dice: “No tienen vino”; y añade: “Haced lo que Él os diga”. Mediante esta orden demuestra conocer profundamente la antigua relación con Dios, y, por este motivo, representa “el resto” escogido de Israel.

El hecho de transmitir a los sirvientes esta orden nos recuerda las palabras del pueblo a Moisés, i, por medio de él, a Dios, cuando hubieron escuchado la proclamación de la Antigua Alianza: “haremos todo lo que nos diga el Señor” (Éx. 24,3).

María, representante de los israelitas fieles, se une a Jesús y a sus discípulos en la constitución del nuevo pueblo de Dios. Ella será la madre que, al pie de la cruz, recibirá del Hijo la herencia de continuar la obra del Reino de Dios.

En el episodio de las bodas de Caná de Galilea, al comienzo de la vida pública de Jesús, el evangelista Juan nos presenta un resumen de toda su obra de una manera muy personal. Y el hecho de que sea tan personal hace que los otros evangelistas no la conozcan.

   
 
 
 
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