OBRA DE MUCHOS
 
Joan Bestard Comas, canónigo de la Catedral de Mallorca y delegado diocesano de Pastoral del Turismo
 

 

 

Las grandes obras son, por regla general, fruto de muchas personas que, con voluntad decidida, saben unir su inteligencia y generosidad en torno a una idea que vale la pena.

Ya a punto de inaugurar y bendecir  la obra de Miquel Barceló en la capilla del Santísimo de la Catedral de Mallorca, pienso en las múltiples reuniones en las que participé con el fin de conducir a buen puerto esta realización singular que ya podemos contemplar en toda su belleza y grandiosidad.

Cuando la Universidad de las Islas Baleares presentó este proyecto al señor obispo Teodoro Úbeda, yo era entonces el decano-presidente del Cabildo de la Catedral. No dudamos ni un momento en aceptarlo por tratarse de un artista mallorquín de fama internacional i por la obra en sí que ciertamente dignificaría una capilla importantísima de nuestra iglesia-madre. Pusimos solamente dos condiciones muy claras: que la obra fuera aprobada por el Cabildo y que no costase nada a la Catedral, porque las entradas económicas que ésta tiene por la visita turística deben ser destinadas a obras necesarias y urgentes que constantemente se han de llevar a término en nuestra catedral para su adecuada conservación. La primera condición se cumplió cuando el 16 de diciembre del año 2000, el Cabildo aprobaba la realización de la obra por mayoría absoluta. La segunda condición exigía buscar “sponsors”, tarea que no ha sido nada fácil pero que al final se ha conseguido.

El obispo Teodoro tuvo la feliz idea para poder realizar esta obra de crear en el 2002 la “Fundació Art a la Seu”, que ha sido decisiva para culminar el ambicioso proyecto. En esta fundación hay empresarios turísticos de “Fundatur”, la Universidad de las Islas Baleares, el Consejo de Mallorca, el Ayuntamiento de Palma, la Diócesis de Mallorca y el Cabido Catedral. Todas estas instituciones, trabajando juntas, bajo la dirección del obispo Úbeda y del obispo Murgui, que han presidido la fundación durante casi cinco años, han hecho posible esta realidad con su dedicación y generosidad económica.

Pero a este primer grupo debemos añadir estas otras instituciones y personas que han aportado también su generosidad y trabajo: “Sa Nostra”-Caixa de Balears”, Aena, Gesa-Endesa, el “Foment de Turisme”, la Federación Empresarial Hotelera de Mallorca, el taller ceramista Vicenzo Santoriello de Viteri sul Mare (Nápoles), la empresa de ventanales JeanDominique Fleury de Toulouse, el fotógrafo del artista, la empresa mármoles Sorell que ha tallado la piedra para el mobiliario litúrgico, la empresa Salvá Llull, que proporcionó la piedra de Santanyí que faltaba a los ventanales, las personas de confianza de Miquel Barceló que han hecho de puente entre él y la Fundación y entre él y el Cabildo Catedral, los dos decanos-presidentes que ha habido en este período (2000-2007), el gerente, los arquitectos, el aparejador, los albañiles, el herrero, el carpintero y el electricista de la Catedral.

Y he dejado para el final, al que quiero citar  con nombre y apellidos, porque ya nos dejó: el canónigo Pere-Joan Llabrés y Martorell, que fue secretario, archivero, prefecto de Liturgia y encargado del museo y de la conservación del patrimonio artístico y cultural de la Catedral. Él, como miembro de la “Fundació Art a la Seu” y en nombre del Cabildo, asesoró teológicamente a Miquel Barceló, con el que hizo una sincera amistad. Él explicó al artista que el tema de la cerámica tenía que inspirarse en el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces (Jn 6, 1-15) y en el de las bodas de Caná (Jn 2, 1-12), y el lema de la obra debía ser: “Pan para la vida del mundo”.   

El “milagro de Barceló” en la Catedral es también el “milagro” de muchas instituciones y personas que, bien unidas en torno a un proyecto artístico fascinante de carácter religioso, no han escatimado esfuerzos ni generosidad.

   
 
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